Anatomía del email que vende.

La mayoría escribe emails para hacer amigos.

Para contar cosas.

Para quedar bien.

Para sentirse productivos.

Por eso le da a enviar y…

(sonido de grillos)

Un email no existe para gustar. Existe para conseguir que alguien hago algo.

Preferiblemente, algo que tú quieras que haga, se entiende.

Entonces, si tú mandas un email a tu lista y después de leerlo, no hay clicks, respuestas, compras, peticiones de matrimonio (o de divorcio), tu email es una basura.

No es que “el email ya no funciona, es de viejos, ahora mejor me voy a enseñar las tetas en tiktok”.

Es que es basura.

Por eso, si en tu negocio trabajas el email marketing, tienes que tener meridianamente claro qué cojones quieres que pase tras enviarlo.

O eso, o seguir con la llorera de que el email no convierte.

Claro que no.

A ti no.

A mis alumnos de la Mentoría, sí.

Hoy reciben una lección sobre cómo se escribe un email que vende.

No del email que queda bien y luego la gente te responde diciendo “oh, que bien, me ha gustado mucho tu email, si quieres nos podemos hacer amigos en facebook”.

Del que convierte.

Si estás en la Mentoría, ya lo tienes en tu Área Privada, lista para consumir, replicar y ganar.

¿Y si no estás en la Mentoría?

Pues mira, mejor, este mes te has ahorrado 100 pavos. Puedes destinarlos a dos cosas.

Cosa 1: invitar a tu pareja a cenar.

A cenar a un sitio más bien modesto, pero bueno, a estas alturas, tampoco creo que le sorprenda.

Cosa 2: Comprar NSL (te sobran 41€) y llevarte el audio de 14 minutos y 23 segundos para validar sin redes ni audiencia previa.

El 30 de enero a las 23:59h se acaba el bonus.

Espabila: