Cinco agujeros y sigue con sed.
Buena historia esta.
Había una vez un tío en mitad de un campo.
Tiene sed. Coge una pala. Y empieza a cavar.
Un metro. Dos. Tres. Tierra seca.
Se frustra. “Aquí no hay agua.” Se levanta, camina veinte pasos, y empieza otro agujero.
Un metro. Dos. Tres. Nada.
Cambia de sitio. Otro agujero. Un metro. Dos. Tres. Nada.
Y así hasta que se hace de noche.
Al final del día tiene cinco agujeros, todos poco profundos, y sigue con sed.
¿Y sabes cuál era el problema?
Que el agua no estaba más lejos. Estaba más profundo.
O sea, si hubiera seguido cavando en el primero, a lo mejor al quinto metro sale agua. O al sexto. O al séptimo. Pero nunca lo sabrá porque paró en el tercero. Cinco veces.
Bonita historia, ¿no?
Ahora cambia ‘pala’ por ‘portátil’ y ‘agua’ por ‘ventas’.
Me refiero a gente que empieza con una oferta. Al principio cuesta. No convierte tanto. No escala tan rápido como esperaban. Y antes de darle tiempo, cambian.
Nueva idea.
Nuevo nicho.
Nueva estrategia.
Nuevo nombre, nueva web, nuevo lead magnet, nueva puñetera paleta de colores.
Y vuelta a empezar. Otro agujero. Tres metros. Nada. Cambio.
Que ojo, las ideas están bien. El problema es que las abandonan antes de que respiren. Paran justo antes de que salga el agua.
¿Y sabes por qué paran?
Porque están solos.
Y cuando estás solo cavando un agujero y no sale nada, lo más fácil del mundo es pensar “este no era el sitio” y empezar otro. Porque no tienes a nadie al lado diciéndote: “Sigue. Estás cerca. El agua está a un metro más, no a veinte pasos a la derecha.”
La Mentoría de Negocios Libres cierra el 26 de abril. Y es altamente probable que no vuelva a abrir hasta 2027.
Lo que hay dentro soy yo.
Yo al otro lado de un email, diciéndote dónde cavar y asegurándome de que no cambies de agujero cada dos semanas.
Porque ese es tu problema.
No es la idea. No es el nicho. No es la oferta. Es que llevas años solo con la pala y nadie te dice si vas bien o vas como el culo.
100€ al mes. Sin permanencia alguna.