En mi caso no funcionaría.
Hay una frase que me sé de memoria porque la leo cada semana.
“Me encanta lo que haces, pero en mi caso es diferente.”
Y luego viene la excusa.
“Es que mi nicho es muy específico.”
“Es que yo no tengo audiencia.”
“Es que no sé vender.”
“Es que ya lo intenté y no funcionó.”
“Es que tengo familia y no puedo arriesgar.”
Siempre hay un “es que”.
Y mira, lo entiendo.
De verdad que lo entiendo.
Porque yo también me lo decía.
Veía a tíos que lo habían conseguido y pensaba: claro, pero él tenía contactos. Él empezó antes.
Él tiene más carisma. Él no tiene hipoteca. Él no tiene hijos.
Siempre había algo que me separaba de ellos.
Una distancia.
Un muro invisible entre “la gente que puede” y yo.
Y esa distancia es muy cómoda.
Porque mientras creas que no es para ti, no tienes que intentarlo.
Y si no lo intentas, no puedes fallar.
Y si no fallas, no te enfrentas a la posibilidad de que el problema no sea el nicho, ni la audiencia, ni el mercado.
Sino tú.
Por eso la distancia se mantiene.
No porque sea real. Sino porque te protege.
Pero la distancia no es real.
La distancia la pones tú.
Cada vez que dices “en mi caso es diferente”, estás construyendo un ladrillo más.
Y el muro crece.
Y pasan los meses.
Y sigues en el mismo sitio mirando a otros que “pueden” y tú no.
Mira, el domingo 1 de marzo a las 18h voy a montar un negocio libre completo en 30 minutos.
Y no te voy a enseñar teoría.
No te voy a hablar de estrategias abstractas.
Voy a coger un perfil —alguien que podría ser tú— y voy a tomar decisiones delante de ti.
Una detrás de otra.
Cliente. Problema. Oferta. Captación. Venta.
Pim, pam, pim, pam.
En 30 minutos.
Para que veas que la distancia que te inventas no existe.
Para que dejes de decirte “en mi caso es diferente”.
Y para que, si tienes cojones, des el primer paso.