Hoy hace 29 años que se murió mi padre.

Tenía 46 años. Yo tenía 13.

Fue pescadero toda su vida. Autónomo de los de tienda a pie de calle. De los de madrugar antes que nadie, cargar cajas, atender al barrio y llegar a casa reventado.

No nos faltó de nada. Pero ricos no éramos. Ni de coña.

Y mira, hay una pregunta que que creo que mi padre no se hizo nunca:

¿Para qué quiero más dinero?

No cuánto. Para qué.

Porque mi padre curraba para sacarnos adelante. Eso lo tengo claro.

Pero me pregunto si alguna vez se paró a pensar qué vida quería de verdad. O si simplemente estaba en la rueda, como casi todo el mundo, haciendo lo que tocaba hacer sin plantearse si había otra forma.

No lo culpo, ¿eh? Eran otros tiempos. Otra generación. Otra realidad. Pero esa pregunta me persigue desde que tengo uso de razón.

Porque yo también estuve en esa rueda. Persiguiendo más. Más ingresos, más clientes, más proyectos.

Sin pararme a pensar si necesitaba todo eso o si simplemente me estaba complicando la vida por inercia.

Hasta que un día me la hice de verdad. Y la respuesta me dejó helado.

Porque resulta que lo que yo quería ya lo tenía. Solo que estaba demasiado ocupado persiguiendo “más” para verlo.

Entonces cerré el negocio.

He grabado un vídeo sobre esto. Sobre por qué dejé de perseguir más dinero y qué tiene que ver eso con lo que yo llamo un negocio libre.

No es un vídeo de ventas. No vendo nada. Es algo que necesitaba contar, sobre todo hoy.

Aquí lo tienes: