No quiero un puto Lambo.
Atento, que esta es buena.
Un tío, inglés, casado, dos hijas, negocio que funcionaba.
Un día decide construirse una casa alucinante en un acantilado para su familia. Presupuesto: dos millones de libras. Bien, ¿no?
Pues la cosa se le fue de las manos.
Dos millones se convirtieron en siete. Y en vez de parar, el tío dobló la apuesta. Más grande. Más lujosa. Más todo.
¿Resultado?
Su mujer le dejó. Sus hijas crecieron entre obras y estrés.
Se arruinó.
Y la casa, que iba a ser el hogar perfecto para su familia, acabó pudriéndose con algas por las paredes antes de que nadie viviera en ella.
Y lo mejor, ¿eh? Lo mejor es que hoy el tío trabaja por cuenta ajena, vive en un piso normal, y dice que su sueño es que le toque la lotería para recuperar la casa.
La puta casa que le destrozó la vida. Y sigue enganchado a ella.
A ver, y me dirás: Jordi, ¿a mí qué coño me importa un inglés con una casa en un acantilado?
Pues mira, más de lo que crees.
Porque tú no quieres un Lambo. Eso lo tengo claro. Eres más listo que eso.
Pero persigues tu versión disfrazada.
Me refiero a más clientes. Más horas. Más lanzamientos. Más “si este mes llego a X ya respiro”. Y el mes siguiente otra X. Y el siguiente otra. Y mientras tanto estás las veinticuatro horas del día pendiente del negocio. Del móvil. Del email. De Stripe. De lo que sea.
Y un día te das cuenta de que te montaste “lo tuyo” para ser libre y acabaste más atado que cuando tenías jefe.
Porque si tú paras, el negocio para.
Y eso, joder, eso no es un negocio. Es un curro disfrazado. Con peor horario, peor sueldo y sin vacaciones pagadas.
El lujo de verdad no es facturar más. Es poder irte un martes a las once de la mañana a llevar a tu crío al parque sin que se hunda todo.
Es cerrar el portátil un jueves y que las cosas sigan funcionando mínimo hasta el lunes.
Es no estar pendiente del móvil mientras cenas con tu mujer y te mira mal porque, naturalmente, estás otra vez mirando el puto móvil en vez de mirarla a ella.
Eso. Eso es un negocio libre, me cago en la leche. Eso.
Dentro de la Mentoría de Negocios Libres tengo una lección que se llama “Fanática automática”.
Es de esas lecciones que escuchas y piensas joder, y yo por qué llevo haciendo esto a mano como un imbécil. Te enseña cómo sistematizar tu operativa para que funcione sin que tú estés encima. Que las ventas entren mientras no estás. Que tu negocio trabaje para ti y no al revés.
Pero ya sabes lo que pasa con esa lección, y con las otras más de 40 que tengo dentro.
Que este domingo a las 23:59h desaparecen para todo aquel que entre después.
O sea, que si entras después, solo accedes a lo que publique desde entonces. Y si entras antes, accedes a todo: a las de captación sin redes, email diario, carta de ventas, lanzamientos, automatización… todo eso para ti.
“¿En serio no vas a sacar ni una sola idea de las más de 40 lecciones que hay ahí dentro? ¿Ni una que te amortice los 100 pavos? ¿En serio?
Joder, si que te valoras poco
En fin, si eso te interesa, mira ahí antes de que sea irremediablemente tarde: