Te cuento una historia muy muy vieja.

¿Conoces la historia del buhonero de Swaffham?

Pues va el tío y sueña que tiene que ir a London Bridge. Que algo cojonudo le espera allí.

Su mujer le dice que está loco. El cura le dice que es solo un sueño. Pero él sabe que no lo es.

Así que camina. Días. Duerme en cunetas. Come lo que pilla.

Llega al puente.

Y un tendero le dice entre risas: “¿Tú haces caso a los sueños? Eres imbécil. Yo anoche soñé que hay un tesoro enterrado bajo un roble en el jardín de un buhonero en Swaffham.”

El tío se queda blanco. Vuelve corriendo a casa. Cava bajo su propio árbol. Y lo encuentra.

El tesoro estaba en su puto jardín. Debajo de su propio árbol. Todo el tiempo.

Pero necesitó el viaje a Londres para verlo.

Mira, yo llevo años viendo gente que hace exactamente lo mismo.

Viajan a Londres cada semana. Otra estrategia. Otra plataforma. Otro gurú. Otro nicho. Otro lanzamiento.

Y el tesoro sigue enterrado en su jardín: una oferta clara, una lista de email, un sistema simple que funcione cada día.

No lo ven porque nunca se paran a cavar. Siempre están yendo al siguiente Londres.

El viaje no es inútil, ¿eh? El buhonero necesitó ir para descubrir dónde estaba el tesoro.

Pero el viaje no es el destino. El destino es volver a casa y cavar.

No sé si te lo había dicho, pero el lunes abro acceso a la Mentoría.

7 meses cerrada. Probablemente no abra otra vez hasta 2027.

Me escribes. Te respondo yo. El único sitio donde lo hago de forma privada.

Dentro hay +40 lecciones estratégicas que en breve desaparecen para los nuevos. Idea, cliente, oferta, captación, conversión. Si entras después de ese día, solo accedes a lo que publique desde entonces.

Lo anterior, fuera.

Te aviso con tiempo.

Mañana te cuento por qué casi nada es definitivo. Salvo una cosa.