¿Tu familia piensa que haces algo con el ordenador?
El otro día que bajé a España cené con un amigo de toda la vida.
Buen tío. Le va bien en lo suyo. Hablamos de fútbol, de política, del vecino que ha puesto una barbacoa en el balcón.
Y en un momento me pregunta: “¿Qué tal el negocio?”
Pues mira, le digo, estoy a punto de reabrir un producto cojonudo que lleva cerrado montones de meses y que volveré a cerrar casi seguro hasta 2027..
Me mira.
“Entonces… ¿eso es como una cosa de webs?”
Y me río. Porque qué coño voy a hacer si no.
No es culpa suya. No tiene por qué pillar lo que hago. Nadie en mi vida “normal” tiene por qué pillarlo.
Pero hay algo de esto que no se cuenta mucho:
Emprender digital es jodidamente solitario.
No de forma dramática, ¿eh? No es llorar en la almohada.
Es un zumbido de fondo.
Tomas decisiones cada semana que pueden mover tu facturación miles de euros arriba o abajo.
Y no tienes a nadie con quien hablar de ello.
Tu pareja te quiere pero no lo pilla. Tus amigos asienten pero no entienden. Tu familia piensa que “haces algo con el ordenador”.
Y el mundo online tampoco lo arregla.
Puedes unirte a comunidades. Leer grupos de Telegram. Ver los “éxitos” de otros pasar por la pantalla.
Pero no es lo mismo que hablar con alguien que está resolviendo exactamente los mismos problemas que tú. Al mismo nivel. Sin postureo.
Alguien que entiende de qué va.
El lunes abro acceso a la Mentoría de Negocios Libres.
Lleva 7 meses cerrada. Probablemente no vuelva a abrir hasta 2027.
Es el único sitio donde te ayudo de forma privada e individualizada.
Me escribes. Te leo. Y te respondo yo. Personalmente.
Insisto, yo. No un bot. No un community manager. No un grupo de 300 personas donde tu mensaje se pierde.
Yo.
Y una cosa.
Ahora mismo hay más de 40 lecciones estratégicas dentro. Idea, cliente, oferta, captación, conversión, retención. Todo.
En breve, ese archivo desaparece para los nuevos. Solo podrás acceder a lo que publique a partir del día que entres.
Lo anterior, fuera. Para siempre.
Ya te avisaré con tiempo.
Mañana te cuento por qué el esfuerzo sin dirección es la forma más cara de perder el tiempo.